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1 Diderot, “Continuación de la charla”, en Ouvres philosophiques, París, Classique Garnier, 1956, p. 375 (citado por Marie-Jo Bonnet, Les relations amoureuses entre femmes, París, Odile Jacob, 1995, p. 94).
2 Wittgenstein, “Observaciones sobre La rama dorada de Frazer”, Agone nº 23, 2000, trad. de Jean Lacoste.
***** Obviamente, las frases del diálogo están en español en el original (N. del T.).
1 Así podemos leer, en el muy interesante estudio histórico de la revista Critique, lo siguiente: “Señalemos que el vínculo descubierto por Freud y progresivamente admitido entre el inconsciente y la pulsión sexual (que le hacía decir a Bataille, en 1948, que “el modo de introducción del psicoanálisis tiene un valor ejemplar: es el símbolo del trayecto habitual del progreso humano”) se distiende en el sistema que instaura Lacan en beneficio de la relación del sujeto con el significante” (Critique 1946-1996, Une encyclopédie de l’esprit moderne, París, ed. del IMEC, 1999).
2 Sobre la delimitación y las dificultades doctrinales de esos rodeos (situados entre los seminarios de Lacan del 22 de febrero de 1967 hasta el 4 de junio de 1969), cf. “El estatus psicoanalítico de lo sexual”, en Jean Allouch, Letra por letra, Bs. As., Edelp, 1993.
3 Annie Le Brun, Du trop de réalité, París, Stock, 2001, p. 51.
1 James Morrow, The Eternal Footman, 1994, La grande faucheuse, trad. Philippe Rouard, París, Au diable Vauvert, 2000.
2 Dominique Dhombres, “Nacimiento y supervivencia de una religión”, Le Monde, 3 de diciembre de 1999, p. 17.
3 Michel Tort, “Homofobias psicoanalíticas”, Le Monde, 15 de octubre de 1999.
4 Título de un coloquio que se realizó en la Sorbona entre el 25 y el 27 de noviembre de 1999, en el que algunos vieron incluso el signo de una reconciliación entre la Iglesia y la República.
5 Cf. Bernard Edelman, Nietzsche, Un continent perdu, París, PUF, 1999, pp. 91-92.
6 J. Allouch, La etificación del psicoanálisis, calamidad, Bs.As., Edelp, 1997.
7 J. Lacan, Escritos, Buenos Aires, Siglo XXI, 1988, p. 585.
8 Sin duda que Lacan hubiera podido decir, como Jouhandeau: “No puedo ser católico sobre todo porque no puedo creer en el Infierno”. Marcel Jouhandeau, De l’abjection, París, Le passeur-Cacofop, 1999, p. 67; 1ª ed. Gallimard, 1939. Le agradezco a Didier Eribon que me señalara la reedición de ese texto.
9 Georges Lanteri-Laura, Essai sur les paradigmes dans la psychiatrie moderne, París, ed. Du temps, 1998. Véase también, sobre la refutación de Lacan en cuanto a la validez del paradigma neurosis/psicosis/perversión, J. Allouch, “Perturbación en pernepsi”, Litoral Nº 15, Córdoba, Edelp, Octubre 1994.
10 ¿Y cuándo se realizará?, le preguntaron a un científico. Y la respuesta es de alguien que, además de científico, era sagaz: “Cuando haya un mercado”.
11 Eve Kosofsky Sedgwick, Epistemology of the Closet, Londres, Penguin Books, 1990, p. 2: “What was new from the turn of the century was the world-mapping by which every given person, just as he ir she was necessarily assignable to a male or a female gender, was now considered necessarily assignable as well to a homo- or hetero-sexuality, a binarized identity that was full of implications, however confusing, for even the ostensibly least sexual aspect of personal existence”. En español: Epistemología del armario, Ed. de la Tempestad, Barcelona, 1998.
12 Cf. algunos extractos publicados en la Nouvelle Revue de Psychanalyse nº 42, otoño de 1990, pp. 345-346.
13 Vernon Rosario, L’irrésistible ascension du pervers entre littérature et psychiatrie, trad. Guy LeGaufey, París, EPEL, 2000.
14 Jacques Lacan, “Lugar, origen y fin de mi enseñanza”, conferencia pública inédita, 1967, p. 12.
15 Anne-Marie Vindras, Ernst Wagner, Robert Gaupp, un monstre et son psychiatre, París, EPEL, 1996, y también Louis II de Bavière selon Ernst Wagner paranoïaque dramaturge, París, EPEL, 1993.
16 Antonio Rocco, Alcibiade enfant à l’école (Alcibiade fanciullo a scola), “Libretto da Carnevale”, Prefacio, notas y ensayo bio-bibliográfico de Louis Godbout, Montréal, ed. Balzac, 1995.
17 Jean Genet: “Digamos ya que sus amores [los de Divine] nunca le habían hecho temer la cólera de Dios, el desprecio de Jesús o el asco azucarado de la Santa Virgen, nunca antes de que Gabriel le hablara de ello, pues desde el momento en que reconoció dentro de sí la presencia de esos temores: cólera, desprecio, ascos divinos, Divine hizo de sus amores un dios por encima de Dios, de Jesús y de la Santa Virgen, al cual se sometía como todo el mundo”. Notre-Dame-des-Fleurs, París, Gallimard, Folio, p. 142. La sumisión de “todo el mundo”, ¿consistiría en adelante en hacer de sus amores un dios (minúsculo) por encima de Dios?
18 Marguerite Anzieu, Aimée, adaptación teatral de Gilles Blanchard e Isabelle Lafon, Col. Atelier, París, EPEL, 1999. Y también J. Allouch, Marguerite o la Aimée de Lacan, El cuenco de plata - Ediciones Literales, Buenos Aires, 2008.
19 M. Jouhandeau, De l’abjection, op. cit., p. 50.
20 Ibid., p. 58.
21 Didier Eribon, Réflexions sur la question gay, París, Fayard, 1999, así como Papiers d’i- dentité, París, Fayard, 2000.
22 Cf. la intervención de Nicole Brossard en el coloquio Beaubourg 23-27 de junio de 1997: “Escritura lesbiana: estrategia de marca”, en Les études gays et lesbiennes, París, ed. Centro Georges Pompidou, 1998.
23 La Biblia de Jerusalén traduce, en forma exclamativa: “¡Oh, abismo de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus designios y cuán incomprensibles sus caminos!”. Los items “camino” y “caminos” de la Concordancia son un verdadero hallazgo surrealista o, si se quiere, un inventario a la Prévert, a la “perverso”. En lo que concierne a Dios como amo, el Salmo 119, 32 no puede ser más explícito, ya que allí leemos: “Acudiré a tus órdenes”.
***** En el original, régence, que se refiere a la primera mitad del siglo XVIII francés y que correspondería a lo que más ampliamente la historia denomina época de la Ilustración o Iluminismo. (N. del T.).
24 Cf. capítulo V.
25 Cf. capítulo V. Pero advirtamos de inmediato que un lector de Foucault tan riguroso como David Halperin rechaza la distinción placer/goce.
26 Confirmé esto con la ayuda de personas mejor informadas que yo (Didier Eribon, David Halperin, Marie-Hélène Bourcier).
27 J. Lacan, L’angoisse, sesión del 12 de junio de 1963. Ciertos lacanianos, basándose en una o dos observaciones de Lacan, reivindican la existencia de un “campo lacaniano”. Es un paso en falso: Lacan no formalizó el campo freudiano de manera tan amplia y tan regulada matemáticamente como para que se volviera posible rebautizarlo “campo lacaniano”. Por otra parte, Lacan permaneció, hasta el final de su recorrido, en el “campo freudiano”.
28 El adiestramiento en adelante es reivindicado como tal, luego del éxito casi mundial de Pókemon donde el niño es explícitamente postulado como entrenador. Pókemon (nombre que proviene de pocket monster) ya no se presenta como una lucha entre el malvado y el bueno, sino como una educación para el dominio (el adiestramiento). Ese juego pareciera así el correlato exacto, al nivel del niño, de la erótica contemporánea del amo.
29 Me inspiro aquí en una página de Edelman, op. cit., p. 135.
30 John Haslam, Roy Porter, David Williams, Politiquement fou: James Tilly Matthews, trad. de Hélène Allouch, prefacio de Lucien Favard, París, EPEL, 1996.
1 Tesmoforias, verso 200.
2 Michel Foucault, “El cuidado de la verdad”, Dits et ecrits (en lo sucesivo DE), Paris, Gallimard, t. IV, 1994, p. 674 (cf. También p. 335).
3 El sintagma es de Foucault.
4 Cf. Litoral nº 11/12, “La declaración de sexo”, Córdoba, La torre abolida, 1991.
5 Jacques Lacan, “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, en Escritos, Buenos Aires, Siglo XXI, 1988. P. 513. El 26 de marzo de 1963 (seminario L’angoisse), Lacan hablará de “la comedia edípica”, de “la comedia de la ley”.
6 Jean Allouch, El psicoanálisis, una erotología de pasaje, Cuadernos de Litoral, Edelp, Córdoba, 1998.
7 No haremos pues aquí otra cosa que reiterar el acto de K. J. Dover según Foucault: desmontar (“Dover en efecto desmonta todo un paisaje conceptual que nos estorbaba” –a propósito de K. J. Dover, Homosexualité grecque, Grenoble, La pensée sauvage, 1982), cf. Foucault “Caricias de hombres consideradas como un arte”, en Litoral Nº 27, Córdoba, 1999.
8 Sigmund Freud, Tres ensayos sobre teoría sexual, Amorrortu, Buenos Aires, 1979, T VII. Los traductores [franceses] señalan la referencia de die Abirrung (vertido como “extravío”) a la norma. [En la Ed. en español traducido como “aberraciones sexuales” (N. del T.)]
9 Jacques Lacan, L’objet de la psychanalyse, seminario inédito, sesión “cerrada” del 15 de junio de 1966.
10 No se lo toma aquí en el sentido extenso que le da Lacan hablando, por ejemplo, de la castración escópica.
11 Quicherat Daveluy y Chatelain Cinaedus: CAT: desvergonzado, obsceno / Cinaedior / PETR: libertino / PLAUT: bailarín / PLINIO: pez desconocido. Bailly: Kinaidia (Κιναιδια): libertinaje contra natura. [Etim: Kineo (κινεω): movimiento, y Aidos (αιδως) sentimiento del honor, respeto, vergüenza, pudor]. Katapugon (Καταπυγων): libertino infame. [Etim: Kata (κατα): abajo, por debajo, al fondo, por detrás, y Pugón (πυγη) la nalga, el trasero; Pugostolos (πυγο στολος): aquel cuya ropa dibuja las nalgas, Pugedón (πυγηδον): por el trasero; Pugisma (πυγισμα), obscenidad]. Winkler opone kata, “de acuerdo con” y para, “contra” (cf. John J. Winkler, Las coacciones del deseo, Antropología del sexo y el género en la antigua Grecia, Buenos Aires, Manantial, 1994, p. 48). La posición frontal en el amor es llamada por Artemidoro kata phusin (Winkler, op. cit., p. 55).
12 John J. Winkler, “Laying down the law: the oversight of men’s sexual behavior in classical Athens”, cap. 6 de Before Sexuality, The Construction of Erotic Experience in the Ancient Greek World, David M. Halperin, John J. Winkler, Froma I. Zeitlin editors, Princeton, Princeton University Press, 1990, p. 177: “En tanto que el guerrero hoplita representa el ideal de sí que considera todo ciudadano correcto, el kinaidos, citado solamente con indignación e ironía…”.
13 Winkler, “Laying down…”, op. cit., p. 183. El título de este subcapítulo no puede ser más claro: Hoplitas vs. kinaidoi.
14 Hay numerosas referencias, empezando por las flechas de Eros. Limitemos las más recientes a dos: Pierre Vidal-Naquet, Le chasseur noir, Formes de pensées et formes de société dans le monde grec, nueva ed., París, La découverte, 1991, y Alain Schnapp, Chasse et érotique dans la Grèce ancienne, París, Albin Michel, 1997.
15 J. Lacan, …ou pire, seminario inédito, sesión del 17 de mayo de 1972. Inmediatamente después, Lacan llega a mencionar una teoría que dice que el sistema nervioso es resultado de una identificación con la presa.
16 Winkler, “Laying down…”, op. cit., p. 186: “[…] el kinaidos es el hombre que desea perder. En oposición a todas las indicaciones sociales prescribiendo la necesidad para el hombre de ejercer sus deseos de una manera que muestre un dominio de sí y de los otros, el kinaidos desea simple y directamente ser dominado”. Véase el esclarecimiento que aporta sobre este punto, además del artículo de Leo Bersani citado más adelante, las siguientes obras de ese autor: The Freudian Body, Psychoanalysis and Art, New York, Oxford, Columbia University Press, 1986, trad. del inglés por C. Marouby, Théorie et violence, Freud et l’art, París, Seuil, 1984; Baudelaire et Freud, París, Seuil, 1981; Homos, Buenos Aires, Manantial, 1998.
17 Claude Calame, L’Éros dans la Grèce antique, París, Belin, 1996, p. 155. K. J. Dover (Homosexualité grecque, trad. del inglés por S. Saïd, París, La pensée sauvage, 1982, p. 141-142), tras haber advertido que ese femenino está basado en el modelo therapon / thera- paina, cita algunas de esas inscripciones: “Anthylos es un culeado”, “Sikela es una culeada”, “Sosías es un culeado, dice Eufronios que ha escrito
18 Pascal Quignard, El sexo y el espanto, Cuadernos de Litoral, Córdoba, 2000, p. 17.
19 Ibid., p. 22.
20 Ibid., p. 23.
21 Ibid.
22 Ibid.
23 Ibid., p. 64.
24 El gesto de resolver esta confusión está en la misma línea que el de Lacan cuando rechaza la analogía clítoris-pene (refutación decisiva ya que introduce la tesis lacaniana según la cual a la mujer “no le falta nada”): “[…] estaríamos totalmente equivocados si consideráramos que el Penisneid es el último término […] el hecho de que ella no tenga nada que desear en ese punto […] tal vez lo intente articular muy precisa y anatómicamente por qué, ya que ese asunto de la analogía clítoris-pene está lejos de estar absolutamente fundado. Un clítoris no es simplemente un pene más pequeño, es una parte de pene, corresponde a un cuerpo cavernoso y nada más; pero un pene, que yo sepa, salvo en la hypospadias, no se limita a (los) cuerpos cavernosos” (L’angoisse, sesión del 13 de marzo de 1963). No podemos citar este texto sin señalar que Lacan, como ocurre a menudo cuando se refiere a ello, se basa un poco en su medicina. Para diferenciar mejor clítoris y pene, parece que aquí intenta forjar una oposición entre el clítoris identificado con un cuerpo cavernoso y el pene que no se reduciría a los cuerpos cavernosos. Lo que no impide que la hypospadias, anomalía de la posición del meato urinario que, más frecuentemente, se abre en la faz inferior de la verga, no sea un pene reducido a los cuerpos cavernosos (incluso poniéndolos en plural, lo que la estenotipista no hace). En cuanto al clítoris, su identificación lacaniana como “un cuerpo cavernoso y nada más” no es en absoluto segura. En estas aproximaciones, Lacan tal vez esté pensando en la forma perineal de la hypospadias donde la verga se asemeja a un clítoris, el prepucio a un capuchón clitorideano, tanto es así que al nacer puede clasificarse al bebé como hermafrodita.
25 C. Lévi-Strauss, “La sexualité féminine et l’origine de la société”, Les temps modernes nº 598, marzo-abril 1998.
26 J. Lacan, L’objet de la psychanalyse, sesión del 15 de junio de 1966.
27 Anne-Marie Vindras, Ernst Wagner, Robert Gaupp: un monstre et son psychiatre, op., cit..
28 Algunos indicios del éxito de la fórmula (en especial entre las mujeres): luego de que Freud la escribiera, Chasseguet-Smirgel la cita al comienzo de su introducción a La sexualité fé- minine (París, Payot, 1964, PBP, p. 5), Michèle Montrelay la usa como título de un capítulo de su obra L’ombre et le nom, sur la féminité (París, éd. de Minuit, 1977, p. 62 y ss.). Lacan la menciona varias veces, y habla también del “continente negro” del narcisismo.
29 Leo Bersani, ¿El recto es una tumba?, traducción de Mariano Serrichio, Cuadernos de Litoral, Córdoba, 1999.
30 La / tiene el valor de un trazo distintivo, que ordena que no se lea SM, como lo haría alguien que frecuentara los clásicos: Su Majestad.
31 J. Lacan, L’angoisse, sesión del 20 de marzo de 1963. Freud ya había optado por tratar el masoquismo femenino sólo a partir del hombre (cf. S. Freud, El problema económico del masoquismo, en Obras completas, T. XIX, Amorrortu, Buenos Aires, 1980, p. 161).
32 J. Lacan, L’objet de la psychanalyse, sesión del 8 de junio de 1966.
33 Citado por Frank Browning, The Culture of Desire: Paradox and Perversity in Gay Lives Today, New York, Crown Publishers, 1993, trad. por S. Peltier, V. Leclercq y S. Lechevalier, La culture du désir, Montpellier, DLM, 1997, p. 90.
34 En ese fecha, la Asociación de psiquiatras americanos retira la homosexualidad de su catálogo de patologías. La homosexualidad había nacido en 1869, la heterosexualidad en 1890.
35 Esta línea significante fue señalada por P. Quignard, cf. El sexo y el espanto, op. cit., p. 19, 43 (mención de Plinio quien llama al fascinus el “médico del deseo”), 48, 49, 66, 71, 148, 168.
36 El “(del)” figura así en la estenotipia, y además con cuatro rayitas, dos a la izquierda y dos a la derecha de “del”, arriba y abajo, junto a los dos paréntesis.
37 Leo Bersani, Baudelaire et Freud, trad. por Dominique Jean, París, Seuil, 1981.
38 J. Lacan, L’angoisse, seminario inédito, sesión del 13 de marzo de 1963 (página faltante, insertada por Gérôme Taillandier en su versión de la estenotipia).
39 Sigmund Freud, “Die endliche und die unendliche Analyse”, Internationale Zeitschrift für Psychoanalyse 23 (2), 1937, p. 209-240, GW, XVI; en español, Análisis terminable e in- terminable, en S. Freud, Obras completas, T. XXIII, Amorrortu, Buenos Aires, 1980.
40 Freud une en su texto, además de Emma Eckstein, aquellos a los que no había logrado casar: su hija Anna, muy presente, si no con sus argumentos S/M en todo caso abiertamente con sus mecanismos de defensa (su libro El yo y los mecanismos de defensa es de 1936 - ) y Sandór Ferenczi. Se coloca él mismo, en tanto analista, como “sustituto paterno” (op. cit., p. 253).
41 S. Freud, op. cit., T, XXIII, p. 223, se habla de pulsiones refractarias al “‘domeñamiento’ [neolog. de J. L. Etcheverry para el término alemán Bändigung] por el yo”, de un yo que “no pudo enseñorearse”, de lo cual el análisis es “magistralmente capaz”. Las p. 227-228 contienen la definición del “domeñamiento”: “[…] la pulsión es admitida en su totalidad dentro de la armonía del yo, es asequible a toda clase de influjos por las otras aspiraciones que hay en el interior del yo, y ya no sigue más su camino propio hacia la satisfacción”. P. 232, se dice que la terapia analítica consiste en “sustituir las represiones permeables por unos dominios [Bewältigung] confiables y acordes al yo”.
42 Reich parle de Freud, trad. por Pierre Kamnitzer, París, Payot, 1972, p. 41.
43 Jacques Lacan, “La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis”, L’évolu- tion psychiatrique, nº 1, 1956, retomado en Escritos, op. cit., p. 384-418. En “Análisis terminable e interminable”, los perros son metáfora de las pulsiones (S. Freud, op. cit., p. 233), lo que coincide con la etimología de excitare: gritar a los perros para que levanten y persigan a la presa (cf. P. Quignard, op. cit., p. 112). Lacan, tras haber situado en 1955-1956 al psicoanalista freudiano como un perro de Freud, proseguía por su parte… parloteando.
44 Freud escribe: “gewachsenen Fels”, roca para la traducción francesa [en la española citada se lee “roca de base” y luego “basamento rocoso”] observa Guy Le Gaufey, la cual ha inventado así la “roca de la castración”. Puesto que gewachsenen es aumentar, crecer, desarrollarse y que esos términos tienen entonces una connotación fálica, la traducción no parece radicalmente falsa. ¡Resulta que eso biológico que se erige, esa roca, sería más bien la erección! G. Le Gaufey indica además que el abonado freudiano al verbo machen es el pequeño Hans con su hace-pipí que va a crecer, desarrollarse. El señalamiento de los trayectos históricos del signo “roca de la castración”, que yo sepa, no se ha realizado. ¿En qué momento por ejemplo ratifica Lacan esa traducción apenas desviada? ¿Fue el primero en retomarla? Contribuiremos aquí a ese rastreo filológico con dos referencias: el 5 de diciembre de 1962 (seminario L’angoisse), Lacan afirma que “el último término” al que llegara Freud, su “tope”, es “la angustia de castración”; el equívoco es más claro el 9 de enero de 1963 cuando Lacan llama “angustia de castración” (kastratiumangst, el término es muy frecuente en Freud) al límite freudiano del análisis, esto en general, luego “complejo de castración” y Penisneid como ese mismo límite distinguido esta vez en el hombre o en la mujer. “Castración” aparece por lo tanto a la vez en el género y en una especie.
45 Freud llama a Ferenczi un “maestro del análisis” (p. 233), y ya nadie ignora que con ese texto Freud respondía a las cuestiones que le planteaba Ferenczi en posición de analizante sin analista. Y también que retomaba, no menos discretamente, el caso de Emma Eckstein.
46 S. Freud, op. cit., p. 234.
47 Ibid., p. 240: “Y el hecho decisivo es que los mecanismos de defensa frente a antiguos peligros retornan en la cura como resistencias [subrayado por Freud] al restablecimiento. Se desemboca en esto: que la curación misma es tratada por el yo como un peligro nuevo”.
48 Ibid., p. 252.
49 “Club de pajeada”, cf. F. Browning, op. cit., p. 133.
50 “Un hombre es llamado púdico en Roma mientras no haya sido sodomizado” (P. Quignard, op. cit., p. 15).
51 Judith Butler, subrayando que esa bisexualidad tiene en Freud el estatuto de disposiciones masculinas y femeninas con objetivos heterosexuales, llega a definirla, muy lógicamente, como “la coincidencia de dos deseos heterosexuales dentro de una misma psique” (Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity, New York, Routledge, 1990, p. 60-61). Es decir que esa hipótesis no resuelve nada.
52 S. Freud, op. cit., p. 252.
53 Thomas Laqueur, Making Sex. Body and Gender from the Greek to Freud, Harvard College, 1990, trad. por M. Gautier, La fabrique du sexe, París, Gallimard, 1992. En español: La construcción del sexo, Ed. Cátedra, Madrid, 1994.
54 S. Freud, op. cit., p. 252.
55 También para Lacan la importancia del Japón no deja dudas: ocho años antes de “Lituraterre” (en Littérature nº 3, París, Larousse, 1971), texto proveniente en línea aérea directa del Japón, un viaje al país de los toris y de los mil budas deja su huella al final del seminario L’angoisse (1963).
56 Paul Veyne, “Foucault revoluciona la historia”, en Comment on écrit l’histoire, París, Points Seuil, 1996, p. 386. La práctica histórica que se desprende de ello tiene el hermoso nombre de “rarefacción” (cf. p. 401 y ss.), manera de indicar que la práctica construye el objeto y no a la inversa. Un objeto un tanto especial, si seguimos la presentación de Veyne: obtenido por desencajamiento, “extraño pequeño objeto de ‘época’ ”, estrafalario, jamás visto antes, con “el aspecto de burlarse” “de las pobres cosas inconcientes y absurdas que somos”. ¿No estamos aquí muy cerca de la práctica analítica según Lacan, la que también es productora del objeto, y de un objeto un tanto especial llamado petit a?
57 M. Foucault, DE, t. III, p. 552-570.
58 Ibid., p. 553.
59 Ibid., p. 555.
60 Ibid., p. 556-557.
61 J. Lacan, Les non dupes errent, seminario inédito, sesión del 20 de noviembre de 1973.
62 Esta dupla es en Foucault menos antinómica que como se lo dijo. (Cf. Cap. V).
63 M. Foucault, DE, t. III, p. 560 y ss.
64 Ibid., p. 564.
65 J. Lacan, Psicoanálisis, Radiofonía y televisión, Barcelona, Anagrama, 1977, trad. por Oscar Masotta y Orlando Gimeno-Grendi, p. 98.
66 F. Browning utiliza la palabra inglesa pleasure: “He has ostensibly relinquished control over the course of his own pleasure to the man who is entering him. But because his plea- sure is not directed toward a spending orgasm, he is in his “powerless” submission capa- ble of outlasting, and forgetting, his top man, who, upon orgasm, can be replaced and re- placed again” (op. cit., p. 90-91).
67 F. Browning, op. cit., p. 103. Cf. también L. Bersani, “¿El recto es…”, op. cit., p. 58-59: “El falocentrismo es justamente eso: no principalmente la negación del poder a las mujeres (aunque siempre ha conducido a eso, en todos los lugares y en todas las épocas), sino más bien el rechazo a reconocer el valor de la pérdida del poder (powerlessness) tanto para los hombres como para las mujeres. No me refiero al valor de la dulzura, o de la no-agresividad, o incluso de la pasividad, sino más bien al de una radical desintegración y humillación de sí”.
68 Sacando las conclusiones de un determinado número de trabajos analíticos sobre el masoquismo, Lacan escribe: “Uno intenta, uno llega a librarse de poner el acento en lo que a primera vista lleva, se opone más a nuestro finalismo, a saber, que interviene la función del dolor. Hemos llegado a comprender en verdad que esto no es lo esencial. También hemos llegado, a Dios gracias, en una experiencia como la del análisis, a darnos cuenta de que se apunta al Otro, que en la transferencia podemos darnos cuenta de que esas maniobras masoquistas se sitúan en un nivel que no deja de tener relación con el Otro” (J. Lacan, L’angoisse, sesión del 13 de marzo de 1963). Apostemos que si la hubiera conocido, esta observación de Lacan le habría gustado mucho a Foucault, como lo indica la siguiente declaración: “El sadomasoquismo no es una relación entre este (o esta) que sufre y aquel (o aquella) que inflige el sufrimiento, sino entre un amo y la persona sobre la que ejerce su autoridad. Lo que les interesa a los adeptos del sadomasoquismo es el hecho de que la relación está a la vez sometida a reglas y abierta. […] Esa mezcla de reglas y apertura tiene por efecto intensificar las relaciones sexuales introduciendo una novedad, una tensión y una incertidumbre constantes, de las que está exenta la simple consumación del acto” (M. Foucault, “Elección sexual, acto sexual”, entrevista con J. O. Higgins, 1982. En Litoral Nº 27).
69 M. Foucault, DE, t. IV, op. cit., p. 737-738. Leeremos más adelante el hermoso comentario de D.Halperin concerniente a esta “desexualización”, en San Foucault. Para una hagiogra- fía gay, traducido del inglés por Mariano Serrichio, Cuadernos de Litoral, Córdoba, 2000, p. 110 y ss..
70 L. Bersani, “¿El recto es una tumba?”, op. cit., p. 60 y 59.
71 El hecho de esa “no huella” fue advertido por Salomón, al que Lacan comenta especialmente el 27 de marzo de 1963 (seminario L’angoisse). Cf. J. Allouch, El psicoanálisis: una erotología de pasaje, Cuadernos de Litoral, Córdoba, 1998, p. 59 y ss.
72 David Halperin, op., cit., p. 111.
73 Cf. James Miller, The Passion of Michel Foucault, New York, Simon & Schuster, 1993. Traducido al Español Oscar Luis Molina, La pasión de Michel Foucault, Santiago de Chile, Andrés Bello, 1995, p. 369-375.
74 Citado por J. Miller, op. cit., p. 371.
75 Citado por J. Miller, op. cit., p. 371.
76 Precisemos: admitir que no es el operador único que esgrimen los psicoanalistas buenos pastores y cuyas variaciones serían capaces de engendrar, según el caso, neurosis, psicosis, perversión. Se objetará que por ejemplo en Lacan (cf. seminario La relación de objeto y las estructuras freudianas) la escritura de la metáfora paterna sirve de referencia y de engrama para la lectura del caso del pequeño Hans. La objeción contiene su propia refutación: justamente ese matema no tuvo a continuación ni el desarrollo ni la fecundidad que se podían esperar a partir del seminario La relación de objeto.
77 Palabra muy útil y ampliamente empleada para ya no tener que decir “heterosexual”. Straight: derecho, rectilíneo, tenso (así, al calificarlos de “straights”, los que no lo son les ofrecen a éstos generosamente el falo), honesto, leal, claro, simple, burgués, heterosexual, que no tiene prácticas sexuales no convencionales.
78 Jeffrey Weeks, Sexuality and its discontents: Meaning, Myths and Modern Sexualities, London, Boston and Henley, Routledge & Kegan Paul, 1985, cap. 8, “Los límites de la sexualidad, El desafío del lesbianismo”.
79 A pesar de una historieta célebre en su tiempo, no debe creerse que todo esto está reservado a los frustrados. Alguien como Bill Clinton, de quien no puede creerse que haya renunciado a los goces de su sexo, tuvo quince phone sex con Mónica Lewinski. ¿Dirán que las condiciones del anonimato, de la identidad ficticia, no se reúnen en este caso? ¡Habrá que ver! Coger con el presidente, ¿no es coger con un cuerpo anonimizado? ¿Con un “tipo” (el presidente como un tipo de hombre, clase que en esta ocasión sólo contiene una unidad)?
80 Marguerite Duras, El navío night, Buenos Aires, El cuenco de plata, 2007. Los términos citados se encuentran respectivamente en las pp. 31, 33, 36, 37 y 77, 67-70, 57-58, 81, 12. En español, publicado en Litoral Nº 31, “Las comunidades electivas. II- Espacios para el erotismo”, Ediciones literales, Córdoba, 2001.
81 Se ha propuesto “deriva” (en inglés drive) para traducir el trieb freudiano.
***** Literalmente “pie jovial”, aunque alude también al inglés gay y al sentido traslaticio de pied: plano, nivel, paso, etc. (N. del T.).
82 Citado por J. Miller, op. cit., p. 356.
83 J. Miller, op. cit., p. 337-338.
84 Ibid., p. 363.
85 De allí el malentendido del proceso hecho a Foucault por Jacques Bouveresse.
86 Ibid.
87 M. Foucault, DE, t. III, p. 258. Miseria incluso en el emperador romano: Tiberio reanima sus deseos desfallecientes con cuadros de Pharrasios (cf. Quignard, El sexo y el espanto, op. cit., p. 13).
88 M. Foucault, op. cit., p. 102 y 131.
89 Cf. M. Foucault, “No al sexo rey”, DE, t. III, p. 258-259, así como Jean Stengers y Anne Van Neek, Histoire de la grande peur, la masturbation, París, Les empêcheurs de penser en rond, 1998.
90 Cf. M. Foucault, Ibid., p. 259, donde Foucault habla de una “trampa temible”.
91 J. Miller, op. cit., p. 345.
92 L. Bersani, *“¿El recto es una tumba?”, op. cit.,*p. 13.
93 Lo que está perfectamente bien mostrado en el film Jeanne et le garçon formidable, con una eficacia tanto mayor para el straight cuanto que para él se prefirió que la figura del homosexual la encarnara una hermosa chica. Cf. también M. Foucault, “Elección sexual, acto sexual”, en Litoral Nº 27.
94 Renaud Camus, Tricks, Prefacio de Roland Barthes, París, P. O. L., 1988.
95 Ibid., p. 24.
96 Cf. la nota: el mejor momento del amor.
97 M. Foucault advierte que ese modelo se encuentra no sólo en Francisco de Sales sino que ya estaba en Plinio (DE, t. IV, p. 549).
98 Will Self, Mon idée du plaisir (My Idea of Fun), Cuento moral, traducido del inglés por Francis Kerline (que realiza una verdadera proeza), éd. de l’Olivier, 1997, p. 202. No resistimos la dicha de citar algunas líneas: “[…] la figura crística del padre ausente se vuelve lo que era, lo que todos nosotros sabemos que era: un neurótico errante, incapaz de asegurar el mantenimiento de su propia creación. Probablemente está dilapidando su herencia en algún psicoanálisis teológico, acostado en un diván, allá arriba, en el firmamento. “¿Por qué?, gime ante su psiquiatra. ¿Por qué hice esto?” Pero no asume nada, oh no, protege lo reprimido, niega la existencia misma del mundo. A lo sumo reconoce una pequeña parte, de vez en cuando, en sus raros momentos de lucidez y de concientización. Liechtenstein por ejemplo”.
99 Peter Brown, The Body and Society, Men, Woman and Sexual Renonciation in Early Christianity, trad.: Le renoncement à la chair, Virginité, célibat et continence dans le christianisme primitif, trad. por Pierre-Emmanuel Dauzat y Christine Jacob, París, Gallimard, 1995, p. 58 y ss.
100 J. Lacan, L’angoisse, sesión del 5 de junio de 1963 (estenotipia p. 2 - cf. también p. 4,7).
101 J. Lacan, …ou pire, seminario inédito, sesión del 17 de mayo de 1973.
102 Cf. F. Browning, op. cit., p. 79-83 y 198 (donde se habla de las drag queens, otra manera de subvertir el machismo ya sea homo o hétero – una subversión de la que L.Bersani duda mucho que sea operante).
103 Para una discusión de la posición de Monique Wittig y de sus paradojas (y para muchas cosas más que se tocan con el presente capítulo), cf. Leo Bersani, Homos, Buenos Aires, Manantial, 1998, p. 51 y sq..
104 Amy Richlin, The garden of Priapus, Sexuality and Agression in Roman Humor, Oxford University Press, 1992, introducción.
105 J. Winkler, The Constraints…, op. cit., p. 11: [p. 23 de la ed. cit. en esp.] “De todos los significados y facetas del comportamiento sexual que podrían ser singularizados para brindarles una atención especial, los griegos se concentraron insistentemente en la dominación y la sumisión”], así como el subcapítulo The Social Meaning of Erotic Dreams, p. 33 y ss. [p. 46 y ss. de la ed. cit. en esp.]. Cf. también M. Foucault, DE, t. IV, p. 482: “Mucho más que el cuerpo mismo, con sus diferentes partes, mucho más que el placer con sus cualidades e intensidades, el acto de penetración aparece [en Artemidoro] como calificador de los actos sexuales”.
106 Saint Augustin, La Cité de Dieu, en Oeuvres de Saint Augustin, París, Desclée de Brouwer, 1959, libro XIV, cap. XVI, p. 425. Citado por M. Foucault, “Sexualidad y soledad”, DE, t. IV, p. 175 (Foucault señala que esta descripción se remonta a Cicerón).
107 M. Foucault, “Elección sexual…”, en el número 27 de Litoral.
108 Soren Kierkegaard, “La repetición”, en In vino veritas, La repetición, Madrid, Guadarrama, 1975.
109 J. Lacan, L’angoisse, sesión del 29 de mayo de 1963: “[…] el falo funciona en todas partes salvo allí donde se lo espera, especialmente en el estadio fálico […]“. O también: “[…] el órgano nunca es capaz de sostenerse mucho tiempo en la vía del llamado al goce. Con relación a ese fin del goce y [a] el alcance de ese llamado del otro en su término que sería trágico, puede decirse que el órgano amboceptor cede siempre prematuramente” (sesión del 29 de mayo de 1963). Asimismo: “Es porque el falo no realiza, si no en su evanescencia, el encuentro de los deseos, que se vuelve el lugar común de la angustia”.
110 La angustia se vuelve sensible cuando “la subjetividad […] está focalizada en la caída del falo” (J. Lacan, L’angoisse, sesión del 6 de marzo de 1963). Al concluir esa misma sesión, Lacan ejemplifica esa relación entre la angustia y el orgasmo con la eyaculación del candidato en el momento en que se recogen las copias del examen. Un poco después llegará esta definición: “De todas las angustias, el orgasmo es la única que realmente se acaba” (sesión del 15 de mayo de 1963); cf. también sesión del 29 de mayo de 1963.
111 J. Lacan, L’angoisse, sesión del 29 de mayo de 1963.
112 Ibid., p. 21-22. Cf. Thomas Stearns Eliot, La tierra yerma, trad. de Alberto Girri, Buenos Aires, Fraterna, 1988, III, El sermón del fuego.
113 Citado por F. Browning, op. cit., p. 68. Los demás rasgos mencionados aquí están sacados de esa misma obra.
114 Cf. Jacques Derrida, Mal de archivo, Madrid, Trotta, 1997, y la lectura que propongo de esa obra en “Necrología de una ciencia judía. Para saludar Mal de archivo de Jacques Derrida”, Litoral nº 20, Octubre 1995, Córdoba, Edelp, p. 89-109.
115 D. Halperin, ¿Por qué Diótima es una mujer?, en Cuadernos de Litoral, op. cit.
116 Para el análisis de otro retorno del olor, esta vez en la antropología, cf. Claude LéviStrauss, “La sexualité féminine et l’origine de la société”, Les temps modernes, nº 598, marzo-abril de 1998.
117 Este relato, y una presentación más global de las drag queens, es presentado por F. Browning, op. cit., p. 195-202.
118 L. Bersani, Théorie et violence, op. cit., p. 27 y ss., y S. Freud, El malestar en la cultura, Obras completas, T. XXI, Buenos Aires, Amorrortu, 1980, n. 1 p. 97-98 y p. 103-104, nota 5 (que contiene las frases arriba citadas).
119 L. Bersani, The freudian Body, op. cit., p. 17. Théorie et violence, op. cit., p. 29.
120 Descripción en F. Browning, op. cit., p. 180-187.
121 Dos de sus capítulos más importantes se titulan incluso “Prados y jardines de leyenda” y “Prados y jardines de poetas”, C. Calame, op. cit., cap. VIII y IX.
122 J. Winkler, en Before Sexuality, op. cit., p. 200. La pregunta es formulada así: “¿Cómo ocurre que algunos hombres gocen al ser dirigidos sexualmente, que gocen o no igualmente al ser activos?”. Cf. Calame, op., cit., p. 156.
123 Retomada sin duda, muy de tanto en tanto, por algunos autores. Como un compilador italiano, Coelius Rhodiginus, en el siglo XVI (citado por Pierre Maréchaux, “La dignité des braguettes: les discours sur la sodomie à la Renaissance”, en Les gays savoirs, bajo la dirección de Patrick Mauriès, Gallimard & éditions du Centre Pompidou, París, 1998, p. 194). Señalemos, en esa misma obra, un texto de Adam Mars-Jones - “L’ignorance a aussi une histoire” - que identifica a Jeremy Bentham como “el primer intelectual opuesto a la homofobia”.
124 J. Winkler, en Before Sexuality, op. cit., p. 201.
125 Aristóteles, Problemas, sección I-X, traducido por Francisco de P. Samaranch, Madrid, Aguilar, 1977, sección IV, “Sobre las relaciones sexuales”, p. 1379. La concepción “freudiana” de que la mujer es un hombre castrado está perfectamente explícita en ese texto (cf. 879b).
126 J. Winkler, en Before Sexuality, op. cit., p. 182.
127 David M. Halperin, ¿Por qué Diótima es una mujer?, en Before Sexuality, op. cit., p. 266, y en Cuadernos de Litoral.
128 J. Winkler, Las coacciones…, op. cit., cap. III “Las coacciones del deseo: hechizos mágicos eróticos”, p. 90.
129 Y ya Lacan en 1953, 1960 y 1966 (lista no exhaustiva –remitirse al Index des noms propres et titres d’ouvrages dans l’ensemble des séminaires de Jacques Lacan, París, EPEL, 1998): “[…] lean el mito de Tiresias, hay veinte versos en Ovidio que puse en mi primer informe, el de Roma, porque es un punto esencial, y que he intentado hacer ver de nuevo después, cuando se habló de la sexualidad femenina en Amsterdam. ¡Eso estuvo bueno! ¡Cómo olvidar la profunda disparidad que hay entre el goce femenino y el goce masculino!” (L’objet de la psychanalyse, sesión del 8 de junio de 1966). Buscamos en vano los nombres de Ovidio o de Tiresias en el index de los Escritos, que contienen los dos textos del informe de Roma y de la intervención en Amsterdam.
130 M. Foucault, “El retorno de la moral”, DE, t. IV, op. cit., p. 701.
131 Pierre Maréchaux, op. cit., p. 179 y ss.
132 Mientras presentaba por primera vez en una universidad en Argentina, en 1998, el paisaje del katapugon, una mujer me interrogó públicamente: “¿Cómo se entiende que los hombres argentinos pidan tanto hacer el amor por ese lugar?” La respuesta estaba contenida en la pregunta: “Pregúnteselo a ellos”. A medida que la conferencia se desarrollaba, el rector de la universidad, que había dado lugar a la invitación muy amablemente, y que se hallaba en la tribuna junto a mí, se descomponía. Con razón sin duda, si aceptamos una observación hecha por un profesor de psicología a la salida: “Después de lo que hemos escuchado, ¿qué vamos a enseñarles a nuestros estudiantes el lunes?”.
133 S. Freud, Sobre la sexualidad femenina, en Obras completas, op. cit., T. XXI, p. 227. La indicación sobre el carácter severamente prescriptivo de esta declaración fue realizada por Marie-Hélène Devoisin.
134 Nicole Brossard, “Écriture lesbienne: stratégie de marque”, en Les études gay et lesbien- nes, París, éd. du Centre Pompidou, 1998.
135 “¿Qué puede ser la ética de un intelectual –reivindico el término de intelectual que actualmente parece darles náuseas a algunos– si no esto: hacerse permanentemente capaz de desprenderse de sí mismo (que es lo opuesto a la actitud de conversión)?”, DE, t. IV, p. 675. La actual etificación del psicoanálisis es una estafa en el sentido de que se presenta como una ética sin erótica. No puede sacar a la luz su erótica; de allí su necesario olvido del superyó, es decir, de aquello a cuya obediencia pretende convertir a todos y cada uno.
136 L. Bersani, “¿El recto es…”, op. cit., p. 59.
137 Ibid., p. 59.
138 P. Quignard, op. cit., p. 127.
139 Ibid., p. 87.
140 L. Bersani, Baudelaire et Freud, op. cit., p. 40-41 (cf. también p. 93).
141 J. Winkler, Las coacciones…, op. cit., p. 104, 107 y 111 (la estatuilla).
142 P. Quignard, op. cit., p. 92.
143 Ibid., p. 93.
144 F. Browning, op. cit., p. 91-92.
145 La traducción francesa es un tanto fallida en este lugar, damos aquí el original inglés (p. 82): “I explain that I wasn’t religious but that equating cocksucking with communion seems like a cliché. ‘No, you didn’t listen carefully’, he answers. “I said Holy Communion. It’s different […] This isn’t shocking the way people think - it’s about dissolving the self.’ He reminds me that Holy Communion is not about fellowship, as Protestants might conceive of it; for thoose deeply driven by the spiritual quest, Holy Communion is literally to eat to flesh of God, and so to be one with God. To eat God is to be liberated from the alienated division of the self, to lose the self.”.
146 M. Foucault, “Soñar con sus placeres. Sobre la ‘Onirocrítica’ de Artemidoro”, DE, t. IV, op. cit., p. 475.
147 Ibid., p. 485-486. Todo este párrafo de Foucault parece escrito para poner de relieve la dimensión significante del falo. A partir de allí, podemos leer también de otra manera y no como un mito o una creencia en el destino la suerte de reverencia que Freud tenía hacia la ananké. ¡Se trata de un culto fálico!
148 F. Browning, op. cit., p. 145-146.
149 Ibid., p. 158 y ss.
150 Giordano Bruno, Les fureurs héroïques, París, 1585, reed. Les belles lettres, París, 1954, p. 53 (introd.) y 205 (texto del soneto).
1 Thomas Bernhard, “Waten”, en Amras, París, Gallimard, 1987, pp. 221-282.
2 La palabra es debida a Jean-Luc Nancy y Philippe Lacoue-Labarthe, El título de la letra, Serie Crítica Analítica, ed. Buenos Aires, 1981.
3 Cf. J. Lacan, “Breve discurso a los psiquiatras”, 1967, en Petits écrits et conférences, op. cit. En esa conferencia, Lacan evocaba “el contexto de trifulca en el que yo suscito todo esto”. El embrollo aquí señalado debe evidentemente situarse en ese contexto de trifulca. Hay una política de la teoría.
4 Roland Barthes, Elementos de semiología. Citado por J.-L. Nancy y P. Lacoue-Labarthe, op. cit., p. 41.
5 J. Lacan, Escritos 1, Siglo XXI, México, 1988, p. 477.
6 Ibid.
7 Ibid.
8 Ibid. Saussure había refutado la identificación de la lengua como “nomenclatura” (cf. Ferdinand de Saussure, Cours de linguistique générale, edición preparada por Tullio de Mauro, París, Payot, 1986, p. 97 [Aunque no es la traducción de la edición crítica, sino la tradicional de Bally y Sechehaye, estas cuestiones aparecen en la versión del Curso de lin- güística general, Losada, Buenos Aires, 1977.]). Sin embargo, cito a Lacan aquí en virtud de la radicalización que efectúa de esa refutación. Dicha radicalización obedece al estatuto del objeto en psicoanálisis. Saussure lo vislumbra, aunque no en su curso, sino especialmente en su estudio del verso saturniano. Resulta notable que encontremos allí la problemática del “redoblamiento” que Lacan hace intervenir en el Curso (cf. Jean Starobinski, Les mots sous les mots, París, Gallimard, 1971, p. 20).
9 Saussure, op. cit., p. 95.
10 Ibid., p. 345.
11 Ibid., p. 45.
12 Cf. la obra poco conocida donde Madeleine David localiza y denuncia lo que llama “el prejuicio jeroglifista”: Le débat sur les écritures et l’hiéroglyphe au XVII et XVIII siècle.
13 Presenté en detalle esta conjetura en un capítulo de Letra por letra. Transcribir, traducir, transliterar, op. cit.
14 J. Lacan, Escritos, op. cit., p. 479.
15 Ibid.
16 Los tres dibujos y la historieta son de Gilles Janet.
17 J. Lacan, Escritos, op. cit., p. 479.
18 Ibid.
19 Saussure, op. cit., pp. V y XV.
20 Ibid., p. XV.
21 J. Lacan, Escritos, op. cit., p. 479.
22 Ibid. Siendo lo “complementario” el nombre de una relación, habría pues relación sexual, no entre hombres y mujeres, sino entre hombres y damas.
23 Las cosas han llegado al punto de que en algunos lugares hospitalarios hoy ya no se habla de enfermos, sino de “usuarios” de la psiquiatría. ¿Usados?
24 J. Lacan, Escritos, op. cit., p. 479.
25 Ibid.
26 Ibid.
27 Ibid.
28 Cf. S. Freud, Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad, en Obras comple- tas, Amorrortu Ed. T. IX, Bs.As., 1976, p. 137.
29 Esta representación no aspira a la verosimilitud, al realismo. La figuración de lo que cada uno ve, como en las historietas, no es más que eso: lo que cada uno ve; no puede identificarse con lo que vería un tercero ubicado en el eje de las dos imágenes o en el centro del compartimiento (en las dimensiones del esquema 7, ese tercero podría leer a la vez “hombres” y “damas”; ubicado al fondo de un compartimiento más prolongado hacia la izquierda, no podría leer ni lo uno ni lo otro).
30 ¿Es el origen de la metida de pata “Hombres/Damas” en lugar de “Hombres/Mujeres” o de “Caballeros/Damas” y que pudimos advertir gracias a una amable observación de Jean Paira Pemberton? En cuyo caso esa metida de pata debería situarse como supervivencia de un “infantismo” (y no: infantilismo) en un texto pretendidamente teórico. Lo que confirmaría la ocurrencia de Lacan que, interrogado sobre el secreto de su éxito (pregunta estúpida si las hay), respondió: “Tengo cinco años.” (Cf. Jean Allouch, - Hola…¿ Lacan? -Ciertamente No, Edelp, Bs.As., 2001.)
31 Algunas posturas feministas confirman esta consecuencia guerrera de la elección de un solo término del binomio, independientemente del hecho de que esas posturas declaren ser de MUJERES (y no: DAMAS, por Dios) mientras que la nena del tren elegía HOMBRES.
32 J. Allouch, Letra por letra, op. cit., cuarta parte.
1 K. J. Dover, Homosexualité grecque, París, La pensée sauvage, 1982, p. 83.
2 Guy Le Gaufey, El lazo especular. Un estudio travesero de la unidad imaginaria, Buenos Aires, Edelp. 1998.
3 Émile Jalley, Freud Wallon Lacan, L’enfant au miroir, París, EPEL, 1998.
4 Queda todavía fuera de ese circuito la retención de la que, en nuestra opinión, fue objeto la primera publicación así como la ausencia, especialmente entre los lacanianos, de una discusión crítica de la propuesta de Didier Anzieu, la de un yo definido no como identificación con la imagen del otro, sino como piel. La confrontación entre esas dos teorías del yo concurrentes nunca tuvo lugar.
5 Jacques Lacan, “Le Symbolique, l’Imaginaire, le Réel”, Conferencia en la sociedad francesa de psicoanálisis, 8 de julio de 1953, inédito. La no publicación por parte de Lacan de ese texto sin embargo inaugural constituye un argumento, de peso para nosotros, a favor de la retención (cf. nota 4) del texto, no menos inaugural, sobre el estadio del espejo.
6 Jacques Lacan, “Observación sobre el informe de Daniel Lagache: ‘Psicoanálisis y estructura de la personalidad’”, Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI, 1988. Lacan explícitamente pronuncia el fin del esquema del ramo invertido el 30 de abril de 1969 (D’un Autre à l’au- tre): “[…] el primer diseño del campo de la objetividad fundado en la cámara oscura es falso”.
7 Del mismo modo, el estudio topológico, casi al final del recorrido de Lacan, que subraya el carácter real de la inversión de la imagen en el espejo, no daba lugar a una nueva versión del estadio del espejo.
8 Jacques Lacan, Le sinthome, seminario inédito, sesión del 11 de mayo de 1976.
9 Jacques Lacan, La familia, Ed. Argonauta, 1978, en las pags. 53/57. (1° Ed, sensiblemente diferente: “La famille: le complexe, facteur concret de la psychologie familiale. Les complexes familiaux en pathologie”, Encyclopédie française, París, Larousse, 1938, tomo VIII, nº 40). Ese texto contiene la primera versión publicada del estadio del espejo).
10 Cf. J. Allouch, El psicoanálisis, una erotología de pasaje, op. cit,. p. 12-13.
11 Jacques Lacan, “El estadio del espejo como formador de la función del Yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”, Escritos, op. cit., p. 86 y ss. Se trata de una comunicación fechada el 17 de julio de 1949. Otro criterio de aceptabilidad parecerá sin duda menos obvio, y sólo puedo introducirlo aquí intempestivamente, sin estar seguro además de poder satisfacerlo al término de este recorrido. Algo así como un “estadio del espejo” debe permitir el engendramiento de al menos tres modos del vínculo que, hasta ahora, demasiado frecuentemente no se distinguen, a saber, los vínculos de amor, erótico y de amistad. Por supuesto, esos tres modos pueden componerse unos con otros, al menos según algunas configuraciones; pero existen, fenomenológicamente, de una manera suficientemente diferenciada como para imponernos que los distingamos.
12 Sigmund Freud, Tres ensayos de teoría sexual, en Obras completas, T. VII, Buenos Aires, Amorrortu, 1987, p. 165 y p. 203.
13 En la obra citada en nota 2, Guy Le Gaufey subraya la dificultad de esa designación y las variaciones terminológicas que la signan en los textos de Lacan.
14 Pascal Quignard, El sexo y el espanto, op. cit, p. 44: “[en Roma] un hombre (homo) no es un hombre (vir) sino cuando está en erección. La ausencia de vigor (de virtud) era la obsesión. De la concepción romana del amor los modernos han conservado el taedium vitae: el ‘hastío de la vida’ que sigue al placer, la detumescencia del universo simbólico [subrayado nuestro] que acompaña la detumescencia fálica, la amargura que nace del abrazo y que nunca distingue el deseo del terror ligado a la impotentia súbita, involuntaria, hechizada, demoníaca”. Hay en este caso un vínculo sostenido, por encima del orgasmo, entre el ideal de virilidad y el taedium vitae, donde reside, en el fondo, verdaderamente un deseo. ¿Y si el sujeto, en lugar de estar focalizado en la erección, lo está en el orgasmo? Entonces es legítimo hablar de un período refractario, de donde se ha ausentado el deseo. En una de esas síntesis de las que a veces él tiene el secreto, Quignard escribe: “El placer nos quita el deseo” (op. cit., p. 79). Hay que confrontar esta fórmula con la de Lacan: “El fantasma es aquello por lo cual el deseo condesciende al placer”. ¿Condesciende… hasta dónde? ¿Hasta perderse?
15 J. Lacan, L’angoisse, seminario inédito, sesiones del 23 de enero y del 6 de mayo de 1963, así como “Kant con Sade”, Escritos. Op. cit, p. 744. ¿Articulado… de qué manera? Hay que suponer en verdad una variedad de articulaciones e incluso algunas transformaciones posibles entre ellas, a falta de lo cual el mismo análisis no podría darse. Por ejemplo, el recorte del objeto petit a en el cross-cap. Esa operación topológica cifra dos posiciones, dos articulaciones del deseo, y el mismo corte hace pasar de una a la otra. ¿Hay que suponer la existencia de un deseo indestructible más acá o más allá de esas dos posiciones? Si por lo tanto el corte es constitutivo del deseo, éste no debe buscarse sino allí donde se habría constituido. ¿Hay que suponer entonces indestructible ese cross-cap extirpado del objeto petit a? ¿O bien esa misma suposición sería excesiva?
16 Citado por K. J. Dover, op. cit., p. 108.
17 Leo Bersani, Homos, op. cit, p. 123.
18 Según John Winkler, Las coacciones del deseo, op. cit, cap. III: “Hechizos mágicos eróticos”. Winkler, que lo describe con mayores detalles, titula felizmente a ese rito “un escenario nocturno”.
19 Platón, El banquete, 183 a, citado por K. J. Dover, op. cit., p. 105.
20 J. Winkler, op. cit., p. 106.
21 Claude Calame, L’Éros dans la Grèce antique, op. cit, p. 75: “Entre Eros el arquero y el muchacho deseable hay además con frecuencia una coincidencia perfecta”; asimismo p. 90. Cf. El banquete, 204 c, donde Diótima dice que Sócrates pensaba que “[…] el amor es el bien amado, y no el amante”.
22 Ibid., p. 83.
23 Citado por Pascal Quignard, op. cit., p. 92.
24 Supongamos la aserción “Pedro golpea a Pablo”. La relación de Pablo y Pedro se llamará “recíproca” si y sólo si es igualmente verdadera la aserción según la cual “Pablo golpea a Pedro”. La relación llamada “simétrica” parece situarse en otro registro. Dos objetos serán llamados simétricos si presentan una identidad de forma cercana a la inversión. Esa inversión puede serlo con respecto a un punto, un plano (es el caso de la imagen del espejo) o incluso un espacio de n dimensiones. Muy acertadamente, dado el uso dificultoso de los términos de reciprocidad y simetría, Guy Le Gaufey introduce, muy a propósito dado este uso dificil de los términos reciprosidad y simetría, el concepto de una “relación sin conversa”, según el cual de “Pedro golpea a Pablo” no podemos deducir la aserción según la cual “Pablo es golpeado por Pedro”. (Guy Le Gaufey, “Una relación sin conversa”, Litoral Nº29, Córdoba, 2000).
25 El estatuto del eromenos es el de una aparición, es decir, como veremos, una imagen de un muerto. Ese nombre funciona junto al de desaparecido. Como su nombre lo indica, el desaparecido priva a aquel de cuya vista ha desaparecido no tanto de su vida como de su aparición. El registro de esa desaparición contra un fondo de aparición es erótico.
26 Sarane Alexandrian, La magie sexuelle. Bréviaire des sortilèges amoureux, París, La Musardine, 2000.
27 J. Winkler, op. cit., p. 93.
28 Radicalizando la observación, Jean-Claude Dumoncel escribe: “[…] son Combray y luego Balbec los que hacen que un objeto X se convierta en Gilberte o Albertine”, en Le Pendule du Docteur Deleuze, Cahiers de L’unebévue, París, EPEL, 1999, p. 14.
29 Un solo ejemplo: visto desde Roma, el amor griego trata de la misma manera a los muchachos y a las mujeres. Calame rectifica: no sucedía así en la poesía mélica (C. Calame, op. cit., p.69).
30 No hay allí nada de “arcaico” en el sentido de una simplicidad de cosas toscas; la Grecia arcaica nos remite a escritos tan sutiles como los de Safo.
31 C. Calame, op. cit., p. 67.
32 Ibid., p. 15.
33 Ibid., p. 26.
34 Ibid., p. 27: “[…] la poesía arcaica privilegió la insatisfacción en el amor”.
35 Para una presentación más detallada –y más completa que ésta– de la fisiología de la mirada en la antigua Grecia, cf. Françoise Frontisi-Ducroux y Jean-Pierre Vernant, En el ojo del espejo, Bs. As., Fondo de Cultura Económica, 1999.
36 Ya se dijo que ese tercero no lo es del todo, desde el momento en que puede ser el mismo eromenos.
37 P. Quignard, op. cit., p. 51. Cf. también p. 52.
38 David Halperin, “Platon et la réciprocité érotique”, Classical Antiquity, vol. V, nº 1, Abril 1986, en California Studies in Classical Antiquity, vol. 17, nº 1; Platon et la reciprocité érotique, Trad. del americano al francés por Guy Le Gauffey y George-Henri Melenotte, Cahiers de L´unebévue, París, Epel, 2000, pp. 23-24.
39 C. Calame, op. cit., p. 39.
40 Ibid., p. 40.
41 Ibid., p. 41.
42 Cf. David Halperin, ¿Por qué Diótima es una mujer? El erôs platónico y la representación de los sexos, Córdoba, Cuadernos de Litoral, 1999: “Según la expresión griega en uso, sólo las mujeres experimentan normalmente el anteros” (p. 30).
43 K. J. Dover, op. cit., p. 200. Digamos: el ser en el culo está.
44 F. Nietzsche, El crepúsculo de los ídolos, “Divagaciones de un inactual” # 23 (citado como epígrafe del conjunto de su obra por Thierry Ménissier, Eros philosophe, Une interprétation philosophique du Banquet de Platon, París, Kimé, 1996).
45 Las líneas que siguen le deben mucho a Émile Jalley. Le agradezco por esas indicaciones, dejando obviamente en claro que las afirmaciones aquí realizadas quedan bajo mi responsabilidad.
46 Jean Hyppolite, Genèse et structure de La phénoménologie de l’esprit, París, Aubier Montaigne, 1946, p. 158 [Hay edición en castellano].
47 Hegel, La phénomenologie de l’esprit, traducción de Jean Hyppolite, París, Aubier Montaigne, 1947, vol. I, p. 156 [Hay edición en castellano].
48 Lo que particularmente hace Jean-Pierre Vernant, que basa en ello el conjunto de su artículo “Un, deux, trois: Éros”, in L´individu, la mort, l´amour, París, Gallimard, Folio, 1989.
***** En el original, désaltérer: “apagar la sed, quitar la sed”, que efectúa un juego de palabras con los neologismos precedentes. (N. del T.).
49 Leo Bersani, Baudelaire et Freud, op. cit, 1981.
50 Jacques Lacan, “L’étourdit”, Scilicet nº 4, París, Seuil, 1973, p. 23.
51 El tono ciertamente no es el del Fedro. La metáfora es referida por Jenofonte, Memorables I. 2, 29 y ss. (citado por K. J. Dover, op. cit., p. 196).
52 En la exposición oral que primero fue hecha de este pasaje, inesperadamente, la palabra “fragilidad” [fragilité] ocupó el lugar de “frigidez” [frigidité]. Lo señalamos aquí por su virtud interpretativa: es una fragilidad que llega cuando la frigidez ya no está.
53 ¿Hará falta entonces, refiriéndonos a las categorías lacanianas del seminario La relación de objeto, llamar a esa falta frustración, privación o castración?
54 Consumir es también cazar: hallamos (cf. K. J. Dover, op. cit., p. 60) en Homero fórmulas del tipo “después que hube cazado mi eros con sollozos”, que indican que la misma satisfacción es también una manera de cazar en el sentido de “rechazar” al menos por un tiempo algo que molesta.
55 Pausanias (1, 30, 1), traducción de María Cruz Herrero Ingelmo, Descripción de Grecia, Madrid, Gredos, 1993, p. 97.
56 Jean-Pierre Vernant, “Un deux, trois: Éros”, L’individu, la mort, l’amour, París, Gallimard, Folio, 1989, p. 160.
57 Françoise Frontisi-Ducroux, En el ojo del espejo, op. cit., p. 93-94.
58 C. Calame, op. cit., p. 216.
59 P. Quignard, op. cit., p. 19-20.
***** En el original, unis vers Cythère, expresión homófona de universitaires (“universitarios”). (N. del T.).
60 K. J. Dover, op. cit., p. 62 y 186.
61 Ibid., p. 199.
62 Cf. en este mismo texto, Cap. I.
***** Traducimos “con intención enmascarada” el giro francés la tête encapuchonnée (lit.: “con la cabeza encapuchada”). De allí que no se conserve la analogía mencionada con la sombra del árbol que cubre a Sócrates. (N. del T.)
****** Las palabras en itálica están en español en el original. (N. del T.).
63 J. Lacan, Le transfert dans sa disparité subjective, sa prétendue situation, ses excursions techniques, Sesión del 21 de diciembre de 1960, Versión stécriture, p. 74.
64 Fedro, 247 c.
65 Cf. Cap. I.
66 Cf. ese concepto en Wittgenstein.
67 C. Calame, op. cit., p. 215.
68 Fedro, 256 b.
69 Lacan construye esa transformación no leyéndola en algún recoveco u observación del Banquete sino a partir de casos ciertamente clásicos, canónicos y evocados en El banquete: Alcestis y Admeto, Aquiles y Patroclo. ¿Quiere decir que sólo la muerte permitiría la sustitución del erastés por el eromenos? Los dos ejemplos, citados por Fedro en El banquete, evocan un tercero, el de Timágoras y Meles. ¿Podemos decir que Meles, según la maquinaria de la sustitución, se convertiría también en erastés a través de su muerte? Eso sería olvidar que, mientras Admeto y Aquiles se vuelven figuras heroicas más allá de sus actos, los metecos no le rinden culto a Meles sino en verdad al dios Anteros.
70 Se habla acerca de una niña, el 27 de marzo de 1963 (L’angoisse), cuando Lacan se sirve de un filme referido también al niño ante el espejo y del cual no se sabe si se trata del mismo que el que aportó Jenny Aubry. En el relato de Lacan aquel día, sólo la niña hace el gesto de poner rápidamente la mano sobre “la gamma de la unión del vientre y de los dos muslos”. El varón por su parte “pobre necio, contempla el pequeño grifo problemático”. Debe, prosigue Lacan, “aprender a sacarlo del mapa de su narcisismo, justamente para que pueda empezar a servir para algo”. Luego viene una indicación concerniente a la homosexualidad que está tanto más justificada cuanto que el relato del 11 de marzo de 1975, planteando lo que llamaremos una indiferencia varón nena, modifica el reparto del 27 de marzo de 1963. Aquel día, elucubrando acerca de ese grifo, Lacan empieza por señalar que “cuando más se lo sumerge, más vuelve a salir a la superficie” para decir en seguida que ese juego es “el principio del vínculo homosexual”, que se juega “a quien pierde gana”.
71 Françoise Frontisi-Ducroux (op. cit., p. 57 y 87) menciona el fragmento 53 de Alceo: “El vino es un espejo para los hombres”. Al igual que en Esquilo, citado en p. 58. La autora insiste sobre el hecho de que en la iconografía los espejos, asociados a una imagen de mujer, no muestran ningún reflejo. Es un adorno*, agalma,* “en el mismo rubro que la cabellera o los aros” (p. 67). Con respecto al espejo voz, cf. esa misma obra, p. 89.
72 Jacques Derrida, “La Pharmacie de Platon”, Tel Quel nº 32 y 33, reeditado en La dissémi- nation, París, Seuil, 1972 [Hay edición en español].
73 P. Quignard, op. cit., p. 61.
74 Ibid., p. 145 y ss.
***** En el original, René (lit.: “Renato”, es decir, re-nacido), nombre propio que obviamente no tiene en español el sentido peyorativo de “retardado”. (N. del T.).
75 Ibid., p 33. Y también p. 35: “La pintura antigua es un relato poético condensado en imagen”, y p. 85.
76 Añadamos: con un efecto de deconstrucción de la imaginación de una relación sexual. Lacan: “[…] el hecho de que las imágenes sean captadas dentro del juego del significante tiene que hacernos perceptible –como lo atestigua toda la experiencia psicoanalítica– que lo que se pierde allí es la función imaginaria en tanto que responde al acuerdo del macho y de la hembra” (D’un Autre à l’autre), sesión del 14 de mayo de 1969).
77 Para mayores precisiones y para las referencias bibliográficas, cf. Jean Allouch, Erótica del duelo en el tiempo de la muerte seca, El cuenco de plata - Ediciones Literales, 2006.
78 Delimitamos pues aquí la pubertad como un momento cuya estructura es idéntica a lo que Lacan localizara como momento de eclosión de un neurosis, momento en el cual “esa positivación del goce erótico se produce” y en el cual “correlativamente, se produce también la positivación del sujeto en cuanto dependencia anaclítica […] respecto al deseo del Otro” (D’un Autre à l’autre, sesión del 14 de mayo de 1969). Anaclítica” quiere decir “perversa”, según lo precisó Lacan un poco antes. La estructura de ese momento abre también la posibilidad de una respuesta psicótica, ya sea normal (es el coger, como retorno en lo real del significante fálico forcluido de lo simbólico, según la misma definición de ese significante faltante), ya sea patológica (es particularmente la llamada demencia precoz, que no es ni una demencia ni precoz).
79 J. Lacan, “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo”, en Escritos 2, op. cit.
1 Citado por Bernard Edelman, Nietzsche un continent perdu, París, op. cit, p. 57.
2 Ibid., p. 58.
3 Posición minimalista si se quiere: le corresponderá a quien sostenga lo contrario fundar su afirmación diciendo precisamente cuándo, en qué y sobre qué hubo un cierre (la obra hubiera sido cerrada si, por ejemplo, el borromeano, en lugar de abrir una problemática, hubiese mantenido sus promesas, si hubiese revelado en su estudio que le iba efectivamente a Lacan, o sea al ternario simbólico imaginario real “como anillo al dedo”). Si existiera un “ todo Lacan”, entonces sí, la certeza del cogito lacaniano, por una vía y según unas modalidades inéditas que habría que describir, podría decirse que recuperó y renovó el de Descartes, mucho más frágil de lo que Lacan llegó a pensar.
4 J. Lacan, La Familia, op. cit, p. 51.
5 J. Lacan, “Le symbolique, l’imaginaire et le réel”, conferencia del 8 de julio de 1953, en Petits écrits et conférences, p. 409.
***** En español la ambigüedad es menor, puesto que el pronombre relativo no lleva acento. (N. del T.).
6 J. Allouch, “Gel”, en elp, Le transfert dans tous ses errata, París, EPEL, sept. 1991.
7 Cf. J. Lacan, L’angoisse, seminario inédito, sesión del 19 de junio de 1963: “El hecho de que el deseo masculino encuentra su propia caída antes del ingreso en el goce del partenaire femenino, del mismo modo, podríamos decir, que el goce de la mujer se destruye […] en la nostalgia fálica y desde entonces se ve obligada, diría que casi condenada a no amar al otro masculino sino en un punto situado más allá de lo que la detiene también como deseo: ese más allá es pretendido en el amor; es un más allá, digámoslo claramente, ya sea traspasado por la castración, ya sea transfigurado en términos de potencia. No es el otro en tanto que se trataría de estar unida al otro. El goce de la mujer está en ella misma y no se conjuga con el Otro”.
8 “[…] la función del falo como imaginario funciona en todas partes, en todos los niveles, de arriba, de abajo, que he definido, caracterizados por una determinada relación del sujeto con el a, < > salvo allí donde se lo espera en una función mediadora, especialmente en el estadio fálico […] esa carencia como tal del falo presente, advertible, a menudo para nuestra gran sorpresa, en todos los demás lugares, < > ese desvanecimiento de la función fálica como tal en ese nivel donde se espera que funcione < > es el principio de la angustia de castración. De allí la notación - ϕ que denota esa carencia por así decir positiva”, (J. Lacan, L’angoisse, sesión del 29 de mayo de 1963). Lacan no escribe pues ϕ, sino - ϕ en la cúspide del grafo del amorir. De los cinco objetos a que ordena ese grafo, el falo es el único que está negativizado; por otra parte, ese grafo transcribe bastante bien su posición de excepción al hacer del falo el único objeto que no tiene uno correspondiente, localizado en un sitio que no remite a otro simétrico puesto que por el contrario es un punto de la línea de simetría del grafo. Lacan tiene la sensación aquel día de que esa carencia que acaba de mencionar “nunca fue formulada”, que hay en ella algo inédito. ¿Qué? Lo que es nuevo es algo hecho posible por la existencia misma del grafo en tanto que supone una lista finita de objetos petit a. Si no hay más que cinco y si se reconoce que la función fálica opera en el nivel de cada objeto petit a y que está ausente allí mismo donde se espera que el falo funcione como objeto petit a, entonces es posible pasar al límite, es pensable una totalización que permite hablar de un “en todo lugar”, implicando un punto de excepción. Vale decir, podemos formular algo que tiene el estatuto de una ley: todos los objetos petit a imaginariamente falicizados tienen una función mediadora entre el sujeto y el Otro, todos excepto el falo. El signo < > indica una palabra omitida o bien una palabra sustituida, mientras que […] indica uan palabra agregada.
9 Cuando sometía este texto a una lectura crítica antes de la publicación, me han hecho notar un error en este punto, pues Julia Kristeva lo hace. Tomamos nota de ello. Sospechamos aquí hasta dónde puede llegar la distorsión que con respecto a Lacan hace esta autora, convertida en uno de los vectores más importantes de la introducción de Lacan en los Estados Unidos.
10 J.Lacan, L’angoisse, sesión del 29 de mayo de 1963.
11 Ibid.
12 “En la medida en que la situación de deseo […] no está < > en Freud verdaderamente articulada, el fin del análisis tropieza con algo que hace tomar la forma del signo, implicado en la relación fálica, el ϕ en tanto que funciona como - ϕ, a lo que hace tomar esa forma
13 J. Lacan, L’angoisse, sesión del 15 de mayo de 1963.
14 Habiendo recordado y acreditado así el señalamiento freudiano según el cual (dicho en términos de Lacan) “[…] no hay nada a fin de cuentas que represente para el ser humano mayor satisfacción que el orgasmo mismo”, Lacan se pregunta (aunque se trata de preguntas que equivalen a aserciones): “[…] si la función del orgasmo puede alcanzar esa eminencia, ¿acaso no es porque en el fondo del orgasmo realizado hay algo que < > he llamado la certeza ligada a la angustia, acaso no es en la medida en que el orgasmo es la realización misma de lo que la angustia indica como localización, como dirección del lugar de la certeza, [que] el orgasmo es la única de todas las angustias que realmente se acaba?” (L’angoisse, sesión del 15 de mayo de 1963). La juntura así establecida entre angustia y orgasmo le permite pues a Lacan hacer extensible al orgasmo la certeza ligada a la angustia (la angustia “no engaña”). Esa certeza da cuenta del carácter momentáneamente tranquilizador del orgasmo, quizá también de la frecuencia de su búsqueda: una certeza ¡no se encuentra fácilmente así como así!
15 La demanda interviene al final, de acuerdo a la definición de la pulsión como demanda donde el sujeto se ha desvanecido (como ya lo he señalado en otra parte, la pulsión es la cuestión última en Lacan).
***** En el original: petite mort (que traducimos literalmente); en realidad es una manera metafórica de nombrar el orgasmo en la tradición francesa. (N. del T.).
16 Apenas una cita: “Las sensaciones del acto sexual tienen en sí mismas un acuerdo provocativo con las figuras […] La suavidad, la turgencia, el derrame lechoso de la desnudez femenina se anticipan a una sensación de fluido líquido que por sí misma se abre hacia la muerte, como una ventana hacia el patio”. Georges Bataille, Histoire de l’érotisme, en Oeuvres complètes VIII, París, Gallimard, 1976, p. 132 (Citado por Georges Didi-Huberman, Ouvrir Vénus, París, Gallimard, 1999 –libro que justifica por sí solo el gesto de Lacan antes mencionado).
17 J. Lacan, L’angoisse, sesión del 29 de mayo de 1963. Lacan no deja pasar la ocasión de señalar que ese “sacarla barata” se une a la gran mitología freudiana según la cual la vida sólo se une con la muerte siguiendo sus propias vías. Debo a Guy Le Gaufey poder señalar aquí que Lacan no dice satisfacer”se” [ “se”satisfaire ].
18 El coger o incluso la mera perspectiva de coger es angustiante en la medida en que el sujeto se compromete a ello creyendo que puede disociar ese acto de su demanda de pequeña muerte. Eliminada esa disociación, la angustia ocurre como orgasmo.
19 Etimológicamente: “que tomaría de a dos”.
20 Cf. aquí mismo, capítulo III.
21 “La mujer, en términos generales, es mucho más real y mucho más verdadera en tanto que sabe lo que mide la vara [l’aune; “l’homme” había escrito la estenotipia, corregida por AF] de aquello a lo que se enfrenta en el deseo, …en tanto que pasa por ello con una tranquilidad muy grande, en tanto que tiene, por así decir, cierto desprecio de su error [mépris de sa méprise], lujo que el hombre no puede darse.” (J. Lacan, L’angoisse, sesión del 13 de marzo de 1963).
22 Cf. J. Allouch, “Homenaje de Jacques Lacan a la mujer castradora”, Litoral nº 28, “La opacidad sexual II”, Córdoba, Edelp, Octubre 1999.
23 J. Lacan, L’angoisse, sesión del 20 de marzo de 1963.
24 J. Lacan, L’angoisse, sesión del 5 de junio de 1963.
25 El sacrificio no se efectúa “[…] justamente debido a que el órgano nunca es capaz de llegar muy lejos en la vía del llamado del goce. Con relación a ese fin del goce y [al] alcance de ese llamado del Otro en su término que sería trágico, puede decirse que el órgano amboceptor cede siempre prematuramente. En el momento, si se puede decir, en que podría ser el objeto sacrificial, y bien, digamos que generalmente, hace tiempo que ha desaparecido de la escena” (J. Lacan, L’angoisse, sesión del 29 de mayo de 1963).
26 Charles Malamoud, Cuire le monde, París, La découverte, 1989.
27 Se abstiene de hacerlo, por ejemplo, cuando habla de una estructura democrática de la iglesia, lo que debería incitarlo a disociar la iglesia del ejército.
28 J. Lacan, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Barral Editores, Madrid, 1977, p. 275.
29 F. Furet, Le passé d’une illusion, París, Robert Laffont - Calmann-Lévy, 1995.
30 C. Malamoud, Cuire le monde, op. cit., p. 230.
31 Puede pensarse en el mito de Aristófanes en El banquete, pero las diferencias son considerables: en este caso, no se trata de una mitad de sí y la separación de uno mismo no es el resultado de un castigo sino de un aporte; en Aristófanes, no hay colectivización alguna de las mitades perdidas ni, correlativamente, ninguna vaguedad con respecto a la identificación e incluso la identidad de esas mitades.
32 “[…] hablando propiamente, el Otro es evocado en ese registro de real que es aquello por lo cual un determinado tipo, una determinada forma de vida se transmite y se sostiene. Llámenlo como quieran, Dios o el genio de la especie… […] Se trata de un real, de ese algo que mantiene lo que Freud articuló en el nivel de su principio de nirvana como esa propiedad de la vida que para llegar a la muerte debe volver a pasar por formas que reproducen aquellas que le dieron a la forma individual la ocasión de aparecer por la conjunción de dos células sexuales” (J. Lacan, L’angoisse, sesión del 29 de mayo de 1963). El “llámenlo como quieran, Dios o el genio de la especie” expresa claramente ese gran Otro no barrado.
***** En el original: demi-mésure, literalmente “semi-medida”, pero que alude también a démesu- re, “desmesura”. (N. del T.).
33 En Erótica del duelo en el tiempo de la muerte seca (op., cit.,) me hallé también en presencia de un sacrificio que desemboca en otro sacrificio, funcionando como primer paso de otro sacrificio. Siguiendo la lectura lacaniana de Hamlet, en efecto, el sacrificio del amor (que hay que distinguir del amor como sacrificio de sí) de Ofelia se podía aprehender como un primer momento del sacrificio de duelo de Hamlet, único capaz de resolver la procastinación. Cf. asimismo otro caso de potencialización de un sacrificio por un primer sacrificio: J. Allouch, “Una mujer debió callarlo”, Littoral nº 9, “Del padre”, La torre abolida, Córdoba, 1990.
1 El reverso del psicoanálisis, sesión del 11 de febrero de 1970, Buenos Aires, Paidós, 1992, p. 74. Confrontándola con la estenotipia, no podemos más que celebrar el éxito de la transcripción de Jacques-Alain Miller: “de ce qu’il s’y origine” [ “de donde éste se origina”] en lugar de “de ce qui s’y origine” [“de lo que en él se origina”], “il s’essaie” [“intenta”] en lugar de “il cessait” [“dejaba”].
2 En su curso del 15 de enero de 1975, Foucault también expresa su distancia con respecto a Hegel como desprendimiento con respecto a sí mismo (cf. Los anormales, Fondo de Cultura Económica, Bs. As., 2000, p. 57). En el mismo período, Lacan (cuya ruptura con Hegel se hizo efectiva con la invención del objeto petit a en 1963) pone en cuestión veinte años de seminarios y publicaciones examinando explícitamente la validez del paradigma real simbólico imaginario.
3 “Lo que enuncio acerca del sujeto como efecto mismo del discurso deja absolutamente excluido que el mío se vuelva sistema.” (D’un Autre à l’autre, seminario inédito, sesión del 27 de noviembre de 1968.) Esta declaración y muchas otras idénticas no le impidieron a la biógrafa de Lacan construir toda su exposición sobre “el sistema de pensamiento” que, según ella, Lacan habría construido.
4 Gilles Deleuze, “Qu’est-ce qu’un dispositif”, en Michel Foucault philosophe, Encuentro internacional, París 9, 10, 11 de enero de 1988, París, Seuil, 1989, pp. 192-193. Reproducido en L’unebévue nº 12, “La opacité sexuelle II - Dispositifs, Agencements, Montages”, París, EPEL, primavera 1999.
5 François Ewald, “Foucault et l’actualité”, en Au risque de Foucault, París, Centro Georges Pompidou / Centro Michel Foucault, 1997, pp. 203-212.
6 El curso del 8 de enero de 1975 atestigua una lectura, al menos oblicua, del seminario de Lacan publicado en 1973: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (Buenos Aires, Paidós). Con un gesto incisivo, Foucault separa de su cuestionamiento al sujeto supuesto saber sin nombrar siquiera a Lacan. ¿Es una lectura de Lacan? No se podría desechar que lo fuera. Pero la frase (“Dejemos a otros, entonces, la misión de plantear la cuestión de los efectos de verdad que en el discurso puede producir el sujeto supuesto saber” –Los anormales, op. cit., p. 27) sirve también para indicarles a los oyentes del curso otro trabajo, hecho en otra parte. Promueve además un malentendido, ya que en Lacan los efectos del sujeto supuesto saber no son tanto de verdad sino fundamentalmente de equivocación (cf. J. Lacan, “La méprise [equivocación] du sujet supposé savoir”, Scilicet n º1, París, Seuil, 1968, pp. 31-41). Malentendido que parece un típico quiproquo: sale a la luz una proximidad Foucault-Lacan en el mismo gesto por el cual Foucault ubica a Lacan fuera del campo de sus propios trabajos.
7 F. Ewald, op. cit., p. 204 y p. 206.
8 Daniel Defert, “Glissements progressifs de l’oeuvre hors d’elle-même”, en Au risque de Foucault, op. cit., pp. 151-160.
9 J. Lacan, D’un Autre à l’autre, sesión del 13 de noviembre de 1968, inédito: “La identidad del discurso con sus condiciones, es lo que espero que se vea esclarecido por lo que voy a decir sobre la tarea analítica”.
10 Lacan introduce el “plus-de-goce” en la sesión inaugural del seminario D’un Autre à l’autre, el 13 de noviembre de 1963. El discurso de Marx, dice Lacan, sitúa la renuncia al goce del amo hegeliano: al hacer del trabajo un mercado, Marx despeja la función de la plusvalía. De manera homóloga, al hacer del Otro un mercado, Lacan aísla ese día la función del plus-degoce. Si como expone Lacan, la renuncia al goce es “un efecto del mismo discurso”, el correlato de esa renuncia, o sea la captación de un plus-de-goce por parte de algunos, debe constituir un acontecimiento cualquiera sea el campo implicado. ¿Tendremos allí una definición de la analítica como tal?
11 M. Foucault, Los anormales, op. cit., p. 53.
12 Ibid., p. 84.
13 Remitimos en este punto a la sesión del 15 de enero de 1969 del seminario D’un Autre à l’autre. La historización que allí propone Lacan de la relación placer/goce es capaz de satisfacer al más exigente lector de Foucault.
14 J. Lacan, “Lituraterre”, en Littérature nº 3, París, Larousse, 1971 [Una versión aproximada del título citado podría ser: “Litierratura”].
15 M. Foucault, “À propos de la généalogie de l’éthique: un aperçu de travail en cours”, DE, t. IV, p. 390.
16 M. Foucault, “Michel Foucault, une intervew: sexe, pouvoir et la politique de l’identité”, publicado en agosto de 1984, DE, t. IV, p. 738. En español: “Michel Foucault, una entrevista: sexo, poder y política de la identidad”, en Obras Esenciales, T. III, Paidós, Barcelona, 1999, pp. 420- 421.
17 M. Foucault, “À propos de la généalogie de l’éthique: un aperçu du travail en cours”, op. cit., p. 390.
18 Ibid., p. 400.
19 M. Foucault, “L’Occident et la verité du sexe”, artículo de 1976, DE, t. III, p. 103, así como “Usages des plaisirs et technique de soi”, escrito en 1983, DE, t. IV, p. 560.
20 M. Foucault, “À propos de la généalogie de l’éthique: un aperçu du travail en cours”, op. cit., p. 386.
21 Ibid., p. 356.
22 Aclaremos: no presenta dificultades para quien se atiene a la diferenciación lacaniana entre placer y goce, y a la oposición freudiana entre disminución y aumento de las tensiones libidinales. ¿Podemos prescindir de esa oposición básica? Sin duda que no en el campo freudiano. Al hablar de placer y más raramente de goce, ¿prescindía Foucault de ella como lo sugiere David Halperin defendiendo tenazmente esa posibilidad?
23 Esa invención elimina el equívoco de los genitivos a la manera en que Wittgenstein decía que debían resolverse los problemas filosóficos: crear las condiciones para que ya no se planteen.
24 L. Bersani, Homos, op. cit., p. 115; así como ¿El recto es una tumba?, op. cit.
25 M. Foucault, “L’éthique du souci de soi comme pratique de la liberté”, DE, t. IV, op. cit., p. 727. En español: op., cit., pp. 412 –413.
26 M. Foucault, “Choix sexuel, acte sexuel”, entrevista de 1982, DE, t. IV, p. 331. En español: en Litoral Nº 27, “La opacidad sexual”, Córdoba, 1999.
27 M. Foucault, “L’éthique du souci de soi comme pratique de la liberté”, op. cit., p. 729. En español: op., cit., pp. 414- 415.
28 David Halperin: “Foucault no está tratando de describir lo que es la sexualidad, sino de precisar lo que ésta hace y cómo interviene en las prácticas discursivas e institucionales. Ese acercamiento a la sexualidad constituye una intervención teórica debido a que combate las teorías de la sexualidad ya existentes, pero la naturaleza del combate sigue siendo puramente táctica”. (“Forgetting Foucault: Acts, Identities, and the History of Sexuality”, Repre- sentations 63, Verano 1998, The University of Chicago, p. 110) Halperin dice también allí lo que significa ser lacaniano en psicoanálisis: no enseñarle al analizante que su teoría sexual infantil es menos válida que la de Lacan, no referirse, más o menos implícitamente, a la supuesta teoría de Lacan, sino hallar la perspectiva táctica para eliminar el bloqueo en el cual su teoría sexual infantil fija al analizante. No se trata tanto de la interpretación como de la transferencia, el grado cero del análisis de la transferencia aparece así como el hecho de transformar al analizante en lacaniano. Al igual que Foucault no podía enseñarles a sus alumnos el arte de no ser gobernados gobernándolos (¡no es Sócrates!), del mismo modo Lacan no podía enseñarles a sus alumnos el arte de psicoanalizar más que no analizándolos de manera lacaniana. Hay testimonios de que eso fue lo que a veces ocurrió (al igual que con Freud, felizmente no siempre freudiano en su práctica).
29 Por supuesto, “primera” en este caso es muy relativo. Ya a propósito de Alexina, Foucault escribió: “Creo que se complacía en ese mundo de un solo sexo donde estaban todas sus emociones y todos sus amores, siendo “otra” sin tener que ser nunca “del otro sexo”.” Nov. 1980, “Le vrai sexe”, DE, t. IV, p. 121.
30 M. Foucault, 1982, “Le triomphe social du plaisir sexuel”, DE, t. IV, p. 312.
31 . M. Foucault, 1983, “À propos de la généalogie de l’éthique…”, DE, t. IV, op. cit., p. 383.
32 1984: M. Foucault, “Une interview: sexe, pouvoir et la politique de l’identité”, DE, t. IV, p. 737. En español: op., cit., p. 420.
33 Citado por J. Miller, La pasión de Michel Foucault, op. cit., p. 338- 339.
34 J. Lacan, El reverso del psicoanálisis, op. cit., sesión del 26 de noviembre de 1969.
35 J. Lacan, D’un Autre à l’autre, op. cit., sesión del 15 de enero de 1969.
36 J. Lacan, El reverso del psicoanálisis, op. cit., sesión del 10 de febrero de 1970.
37 J. Lacan, D’un discours qui ne serait pas du semblant, seminario inédito, sesión del 21 de enero de 1971.
1 J. Lacan, D’un Autre à l’autre, seminario inédito, sesión del 11 de junio de 1969.
2 Luego habrá una tercera denominación del objeto petit a: la “lathouse”.
3 Ese punto de partida parece necesario en el sentido de que si el goce no fuera ya subjetivo no se ve cómo el sujeto como tal podría relacionarse alguna vez con él.
4 “Desde que se arma la mesa de juego –y Dios sabe si está armada ya– él [εl sujeto pensante] es primero el petit a. […] no tuvo necesidad de pensar para ser fijado como petit a.” (J. Lacan, D’un Autre à l’autre, op. cit., sesión del 5 de febrero de 1969); o bien el 14 de mayo de 1969: “Pero sabemos que ese petit a es el mismo sujeto en tanto que él no puede ser representado sino por un representante que es el S₁ en cada caso”.
5 Jacques Lacan, El reverso del psicoanálisis, op. cit., sesión del 26 de noviembre de 1969. El término está presente en Bersani (cf. Baudelaire et Freud, op. cit., p. 92), aunque por cierto en una acepción muy diferente dado que esa bonificación se refiere entonces a la productividad de imágenes fantasmáticas.
6 J. Lacan, D’un Autre à l’autre, op. cit., sesión del 22 de enero de 1969, p. 118.
7 También Bersani se basará en el Wunsch freudiano como psychische Regung que inviste la imagen mnemónica ligada a la primera satisfacción (L. Bersani, op. cit., pp. 44, 45, 66). Se tratará no obstante, como veremos, de una lectura claramente diferente a la que realiza Lacan.
8 J. Lacan, D’un Autre à l’autre, op. cit., sesión del 22 de enero de 1969. Cf. también la sesión del 23 de abril de 1969.
9 J. Lacan, El reverso del psicoanálisis, op. cit., sesión del 14 de enero de 1970 (subrayado mío).
10 Cf. J. Lacan, D’un Autre à l’autre, op. cit., sesión del 5 de marzo de 1969: Lacan señala que el psicoanálisis ha descubierto los medios de producción de una satisfacción, que son las pulsiones (los montajes [montage tiene el sentido de “subida o ascenso” pero también el de “instalación, montaje” de una máquina o de un film (N. del T.)]). Y se pregunta ¿cómo definir esa satisfacción? “Hay que suponer que allí debe haber a pesar de todo algo que falla, pues a eso nos dedicamos con respecto a esos montajes, a desmontarlos”. Y además: “si el goce sexual implicara la satisfacción al mismo tiempo que su fin, no habría que esperar ningún proceso subjetivo de ninguna experiencia”.
11 J. Lacan, D’un Autre à l’autre, op. cit., sesión del 20 de noviembre de 1968.
12 L. Bersani y Ulysse Dutoit, “Mierda entonces”, Trad. por Christian Marouby, Psychanalyse à l’université, París, diciembre de 1979. El texto inglés es más moderado: “And since se- xual excitement (according to Sade, Freud and Laplanche) depends on the fantasmatic cir- cuit by which the subject appropriates the other’s “violent commotion”, sexuality - at least in the mode in which it is constitued - might almost be thought of as a tautology for maso- chism.” Cf. también L. Bersani, The culture of redemption, Cambridge, Harvard University Press, 1990, p. 36.
13 Los otros dos son El hermoso navío y por supuesto El “heautontimoroumenos”.
***** Trad. de Jacinto Luis Guereña, en Las flores del mal, Madrid, Visor, 1977 (N. del T.).
14 L. Bersani, Baudelaire et Freud, op. cit., p. 44.
15 Ibid., p. 45.
16 J. Lacan, D’un Autre à l’autre, op. cit., sesión del 13 de noviembre de 1968.
17 L. Bersani, Baudelaire et Freud, op. cit., p. 13.
18 Ibid., pp. 54, 127, 142. Páginas 66 y 73 para “desplazamiento”, 121 para “sustitución”.
19 Ibid., p. 73 y 113.
20 Ibid., p. 127 (las itálicas son mías).
21 L. Bersani, The culture of redemption, op. cit., p. 75.
22 Cf. Capítulo III.
23 L. Bersani, Baudelaire et Freud, op. cit., p. 91.
24 Ibid., p. 92.
25 Ibid., p. 91-92.
1 Damos aquí algunos casos siguiendo los seminarios de Lacan: “[…] el psicoanálisis no nos ha enseñado nada nuevo en cuanto a la operatoria sexual, ni siquiera ha surgido de él una pizca de técnica erotológica, hay más en el menor de los libros que actualmente son objeto de numerosas reediciones y que nos llegan desde lo profundo de una tradición árabe, hindú, china, e incluso en ocasiones la nuestra. El psicoanálisis no atañe a la sexualidad sino en tanto que ésta se manifiesta bajo la forma de la pulsión –¿y dónde?– en ese desfiladero del significante donde se constituye la dialéctica del sujeto en el doble tiempo de la alienación y de la separación. (24 de junio de 1964). […] la diferencia sexual sólo se sostiene con la Bedeutung de algo que falta bajo el aspecto del falo. (11 de enero de 1967). […] en el acto sexual […] para cualquiera de los dos partenaires hay un goce, el del otro que queda en suspenso, es porque el entrecruzamiento, el quiasma exigible que haría plenamente de cada uno de los cuerpos la metáfora del significante del goce del otro, es porque ese quiasma está en suspenso que, de cualquier ángulo de donde lo abordemos, sólo podemos ver el desplazamiento que efectivamente coloca un goce bajo la dependencia del cuerpo del otro, con lo cual el goce del otro queda a la deriva. (14 de junio de 1967). […] no hay relación sexual. Por supuesto, esto parece así un tanto descolgado, un tanto disparatado. Bastaría con coger un buen rato para demostrar lo contrario. Desgraciadamente, es lo único que no demuestra nada parecido, porque la noción de relación no coincide del todo con el uso metafórico que hacemos de esa breve palabra: “relación”. […] Si no están hartos de escribirla. Lo que sería tal vez muy notable si se revelara, hubo bastante tiempo como para que eso comenzara a dilucidarse un poco, que es imposible escribir lo que sería la relación sexual. […] es muy cierto que en el ser hablante hay en torno a esa relación, en cuanto fundada sobre el goce, un abanico absolutamente admirable de su exposición. […] todo esto participa en algún grado del goce sexual. Sólo que el mismo goce sexual, cuando ustedes meten la mano debajo, si puedo expresarme así, ya no es para nada sexual, se pierde. Y entonces entra en juego todo lo que se edifica con el término de falo, que es en verdad allí lo que designa un determinado significado, un significado de un determinado significante completamente evanescente, ya que en lo que respecta a definir lo que corresponde al hombre o a la mujer, el psicoanálisis nos muestra muy precisamente que es imposible y que hasta cierto punto nada indica especialmente que sea hacia el partenaire del otro sexo que deba dirigirse el goce, si el goce es considerado, siquiera por un instante, como la guía de lo que corresponde a la función de reproducción. Nos hallamos frente al estallido, digamos, de la noción de sexualidad. La sexualidad está en el centro, sin duda alguna, de todo lo que pasa en el inconsciente, pero está en el centro en tanto que es una falta, es decir que en el lugar de lo que fuera que pudiera escribirse de la relación sexual como tal se sustituyen unos a otros los atolladeros que engendra la función del goce precisamente sexual, en tanto que éste aparece como una especie de punto de espejismo, que en alguna parte el mismo Freud describe como el goce absoluto. Y tan cierto es que, justamente, no es absoluto. No lo es en ningún sentido, en primer lugar porque como tal está destinado a diferentes formas de fracaso que constituyen la castración, para el goce masculino, la división en lo que concierne al goce femenino, y porque, por otra parte, aquello adonde lleva el goce no tiene estrictamente nada que ver con la cópula, no obstante que ésta sea el modo usual, digamos –eso cambiará– por el cual se realiza la reproducción en la especie del ser hablante. (4 de noviembre de 1971). ¿De qué hablo? Y bien, nada más que de lo que en lenguaje corriente llamamos los hombres y las mujeres. No sabemos nada real sobre esos hombres y esas mujeres como tales, porque de eso se trata, no se trata de perros y perras. Se trata de lo que realmente son los que pertenecen a cada uno de los sexos a partir del ser hablante. No hay en esto una pizca de psicología. Hombres y mujeres, es real. Pero al respecto no somos capaces de articular la más mínima cosa en la lengua que tenga la menor relación con eso real. Si el psicoanálisis no nos enseña eso, ¿qué dice entonces?, porque no hace más que repetirlo. Es lo que enuncio cuando digo que no hay relación sexual para los seres que hablan. […] Ciertamente no hay relación sexual porque la palabra funciona en ese nivel que, a partir del discurso psicoanalítico, se ha descubierto que especifica al ser hablante, la preeminencia de todo aquello que en el nivel del sexo se hará apariencia, apariencia de buenos hombres y buenas mujeres, como se decía después de la última guerra.” (2 de diciembre de 1971.)
2 J. Lacan, sesión del 19 de abril de 1967.
3 J. Lacan, Les non dupes errent, sesión del 20 de noviembre de 1973.
4 Guy Le Gaufey ha subrayado un momento de ese fracaso al presentar la problemática desarrollada por Lacan en la sesión del 9 de enero de 1979 de su seminario. Cf. G. Le Gaufey, “El grano de arena de la enunciación”, texto que lamentablemente no ha sido publicado.
5 Cf. el comienzo de la cita (nota 1) del 4 de noviembre de 1971. Subrayo la siguiente frase: Lo que sería tal vez muy notable si se revelara, hubo bastante tiempo como para que eso comenzara a dilucidarse un poco, que es imposible escribir lo que sería la relación sexual.
6 Cf. la continuación inmediata del texto del 4 de noviembre de 1971 (nota 1), que lo dice claramente.
7 J. Allouch, “Un sexo o el otro”, en Littoral, Nº 11/12, Córdoba, E.P.E.L., junio 1991.
8 Muy recientemente, me indicaron otro dispositivo que pone en juego la mirada. Se trata de baños ultramodernos, design, célebres en cuanto tales y por ende visitados, donde las paredes de los diversos compartimientos son transparentes. No prevenido, el potencial usuario retrocede. Tiene que dar el paso de una posible exhibición penosa e impúdica para darse cuenta de que al cerrar con traba la puerta del compartimiento elegido, las paredes, gracias a ese gesto, se vuelven absolutamente opacas. ¡Uf!
***** En francés, mise à mal (“echada a perder”)… ou à “femelle” (lit.: “o a ‘hembra’“). El juego de palabras se basa en que mal es homófono de mâle (“macho”), y que si se leyera mise à mâle podría entenderse como un neologismo por “convertida en macho” o “situada como macho”, cosa que sucede con el segundo término de la disyunción (N. del T.).
9 D. Halperin, San Foucault, op. cit., pp. 114-115.
10 Claude Calame, L’Éros dans la Grèce antique, op. cit.
11 Will Self, La Théorie quantitative de la démence, trad. de Francis Kerline, Les éditions de l’Olivier, 2000, p. 112. El mismo editor ha publicado Mon idée du plaisir.
12 Ibid., p. 113.
13 Ibid., p. 116.
14 Ibid., p. 130.
15 Ibid., p. 145.
16 Annie Le Brun, Buenos Aires, Ediciones Literales - El cuenco de plata, 2008.
17 Annie Le Brun, Les châteaux de la subversion, París, J.-J. Pauvert en las ediciones Garnier, Folio essais, 1982.
18 Annie Le Brun, Soudain un bloc d’abîme, Sade, op. cit., p. 24.
19 Citado por Annie Le Brun, ibid., p. 17.